Los morfemas de género ya fueron tratados en el artículo Género gramatical. Y los problemas derivados del sexismo en el que hace referencia expresa, llamado Sexismo, lenguaje y pensamiento. En este artículo pretendo profundizar un poco en ambos aspectos, ya que la realidad social y política ha sacado a la luz estos aspectos del lenguaje en los últimos tiempos.

Morfemas de género: qué significa género gramatical
Hay que empezar por aclarar este término. El género gramatical no tiene nada que ver con el sexo o el género sexual. Hace simplemente referencia al artículo (masculino o femenino) de los sustantivos, a estos mismos y a los adjetivos, pero sin referencia expresa a una realidad sexuada. Un ejemplo sencillo bastará. La «luna» es femenino (gramatical), aunque no haya nada en la luna que lo pueda relacionar con el sexo. Los planetas o satélites no tienen sexo, como todo el mundo sabe. Y el «sol» es masculino por idénticas razones.
¿Por qué las palabras tienen un carácter masculino o femenino? Simplemente es una arbitrariedad gramatical más. Ni siquiera puede rastrearse el origen de esta característica. ¿Por qué las cualidades de las cosas son femeninas? ¿Por qué los colores son masculinos? No hay ninguna razón para ello, es simplemente así.
El género gramatical y el sexo
Ahora bien, hay un caso en el que es del todo oportuno distinguir masculino de femenino: el de los seres sexuados. A veces se diferencian las palabras: vaca/toro, macho/hembra, hombre/mujer, etc. Sin embargo, en la mayoría de casos, el individuo o animal que termina en «o» suele ser el masculino: médico, torero, bombero, gato, perro, etc.
Y la sintaxis hace que formemos el femenino cambiando el morfema «o» por el morfema «a». Así, diremos médica, torera, bombera, gata, perra, etc. El problema surge cuando nos referimos a una diversidad de individuos: los profesores, los alumnos, los padres, etc. También por una cuestión sintáctica (y por razones arbitrarias, derivadas de la práctica de la lengua a lo largo de milenios), el plural masculino es inclusivo y hace referencia a individuos de distinto sexo. Así, si decimos que los perros han entrado en la perrera, hacemos referencia a individuos de ambos sexos.
Solo empleamos el femenino cuando sabemos que todos esos perros son del sexo femenino. En ese caso, sin ninguna dificultad decimos que las perras han entrado en la perrera. O bien cuando, por razón del contexto, necesitamos precisar. Por ejemplo, en un informe policial se dice que había en aquella reunión 25 hombres y 12 mujeres. O también por razones de cortesía, cuando se usan fórmulas como «señoras y señores, vamos a comenzar esta reunión».
Morfemas de género y el lenguaje desdoblado
Y por fin llegamos a lo que se considera la madre del cordero, por emplear una expresión popular. El hecho de que haya una ideología feminista potente en los últimos años presiona en varios sentidos. Uno de ellos es el del lenguaje. Toda ideología (como sistema de ideas) tiende a querer regular diversos aspectos de la vida humana, y el lenguaje es uno de ellos. Hay ciertas teóricas del feminismo que consideran que la mujer no está representada en los plurales inclusivos (masculinos). Ellas lo consideran una muestra del heteropatriarcado reinante, etc. (algo que tendría que ver con un poder omnímodo creado en la noche de los tiempos). Para mí están equivocadas en este punto.
El lenguaje es un sistema de comunicación que lo que ha buscado (de forma incluso inconsciente) a lo largo de milenios es la eficacia comunicativa. Si no tiene eficacia, el lenguaje deviene inútil para su función primordial, que es la de elaborar mensajes que se entiendan.
El hecho de que los políticos de cualquier partido hablen de «todos y todas» (como si en el concepto inclusivo gramatical, referente al morfema de género masculino «todos», no estuvieran representadas «todas») solo habla de la «corrección política» y de que no quieren perder votos por detalles de ese estilo. Yo, sinceramente, cuando los escucho hablar me parece una forma forzada de hablar, pero el caso es que no quieren escuchar críticas del poderoso lobby feminista, sobre todo con las influyentes redes sociales de hoy día. No hay más, creo.
Conclusiones
Entiendo perfectamente que lo hagan las feministas, como un símbolo de no sé muy bien qué, tal vez de visibilidad. Pero si alguna de ellas (da igual si se trata de hombres con esa ideología) prueba a hacer una novela con lenguaje desdoblado se dará perfecta cuenta de lo ridículo del tema. Simplemente no se puede, es una tontería de dimensiones colosales (sobre todo en lo que hace referencia a la estética).
Bastará con un ejemplo sencillo: «quiero tener un niño o una niña (la variación puede ser «un hijo o una hija»). A continuación alguien le pregunta: ¿y el niño o la niña los criarás como niño o niña o como ser humano». Y responde: «por supuesto, como ser humano. No quiero que mi hijo o mi hija puedan reprocharme nada en el futuro». ¿Alguien se imagina una novela siguiendo por estos derroteros?
Y esto, por supuesto, no tiene nada que ver con la igualdad de derechos y deberes de hombres y mujeres. En este caso concreto, como se puede ver por el contexto, está perfectamente justificado el desdoblamiento que he realizado al final, porque es oportuno y necesario.
Igualdad, por cierto, que consagran los derechos humanos. Al menos en Occidente. Es algo de sentido común (en nuestro ámbito cultural, repito). No es necesaria ninguna ideología de ningún tipo para aceptar eso.
Si quieres consultar otro punto de vista, de carácter plenamente feminista (es decir, con esa ideología, y relacionado con el lenguaje) pincha aquí.
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Siempre estoy muy de acuerdo con lo que dices ,los politicos lo que quieren es ganar votos y lo demás no les interesa
Hola, Conchin…
Desgraciadamente, es así. Harán lo que sea por salir elegidos. Después de todo, sus sueldos son bastante más jugosos que los de cualquier trabajador normal.
Saludos
Me gustó el artículo.
Yo solo agregaría -un poco para enriquecer más el post- que los nombres de algunas profesiones, aunque terminan con el morfema «a» que connota el género femenino, se aplican tanto a hombres como a mujeres y solo basta con agregar el artículo respectivo, ya sea «la», para aludir al género femenino; o «él», para el masculino. Entre los nombres de las especialidades que aplica esta regla están: terapeuta, pediatra, psiquiatra, dentista.
Por otra parte, y respecto a lo que llamas el lenguaje desdoblado, es cierto que últimamente los políticos, sobre todo, se ven obligados a mencionar los dos géneros en sus discursos debido a la presión de la ola feminista.
Como dato curioso, recuerdo que acá en México, fue aquel presidente de las botas vaqueras -que decía usarlas para matar víboras y tepocatas-, Vicente Fox, quien empezó a usar tanto el femenino y el masculino en sus discursos. Así decía, por ejemplo, con su voz rasposa: «Mexicanos y mexicanas…». Y de allí pa’ adelante, se generalizó el uso de lo que llamas el lenguaje desdoblado.
Me ha parecido extraordinariamente brillante este artículo, para aclarar, de una vez por todas, las burradas que cometen los políticos y los demagogos.
Hola, Ignacio…
Muchas gracias por tu apreciación, lo que me confirma que no estamos solos cuando se trata de usar el sentido común y no la «corrección política».
Un saludo muy cordial
Importantes conceptos. Un saludo
Excelente artículo. El problema es que la mayor parte de los medios de comunicación han aceptado este tipo de lenguaje.
Un saludo
Sí, así es, pero no creo que perviva demasiado tiempo. Al fin y al cabo, la lengua la crean y la mantienen los hablantes. Y por lo que yo sé, es una ínfima minoría (aparte de los políticos) los que siguen esta «moda». La gente sigue hablando como siempre, no como lo desean determinadas minorías.
Saludos